martes, 28 de abril de 2026

El DINERO QUE SE FUE...POR NO DECIDIR

 ¿Qué decisiones dejamos de tomar como país, como familia y como personas? ¿Cuánto cuesta no tomar esa decisión por proteger el hoy?

El Dilema del Innovador, desarrollado en 1997 por el profesor Clayton Christensen, explica cómo los países, las organizaciones y las personas fracasan, no siempre por falta de recursos, sino por la incapacidad de decidir a tiempo.

¿Cuántas veces vemos cómo los ahorros se consumen lentamente a la espera del milagro, sin tomar decisiones estratégicas? El lote que dejamos de comprar, la casa que no remodelamos, el carro que no arreglamos y se descompone, la tecnología que no adquirimos para nuestro desarrollo profesional, la capacitación que postergamos, el trabajo que dejamos pasar, el título universitario que no obtuvimos, el negocio que cruzó frente a nuestros ojos y otro desarrolló.

No decidir es mucho más caro que hacerlo y arriesgarse. Permanecer colgado a los beneficios del corto plazo, en esa comodidad seductora, ligera y engañosa de la zona de confort, creyendo que las circunstancias no cambiarán, es tan oneroso como restaurar un barco en el fondo del mar. En la intimidad llegará el lamento silencioso: ¡Qué buena oportunidad tenía!, pero el barco ya zarpó.

La historia empresarial está colmada de ejemplos de compañías que no supieron decidir. Hay tres empresas emblemáticas que marcaron generaciones; fueron tan exitosas que pasaron del esplendor al ostracismo, del dominio al abandono y del reconocimiento de los consumidores al más terrible olvido, mientras miles de trabajadores vieron cómo quedaban engavetados los sueños de bienestar de sus familias.

KODEK: EL INVENTO QUE ESCONDIÓ Y VOLÓ 

En 1888, George Eastman inventó en un garaje de Rochester, Nueva York, una cámara con rollo que democratizó la fotografía, permitiendo que el ciudadano común tuviera la oportunidad de retratar sus bodas, bautizos, cumpleaños y, en fin, su propia existencia para colocarla dentro de sus hogares. La cámara fotográfica dejó de ser un lujo reservado para ricos y se convirtió en un producto popular de acceso para todas las clases sociales.

Durante casi un siglo, Kodak dominó el mercado con una hegemonía casi absoluta: la cámara, el rollo, el revelado, el papel, los portarretratos. Si algo pertenecía al mundo fotográfico, Kodak estaba allí. En su mejor época alcanzó ingresos anuales superiores a US$19 mil millones, cifra mayor al PIB de muchos países del mundo en ese entonces.

En 1975, apareció una gran oportunidad para consolidar su dominio de la industria fotográfica. Dentro de sus propios laboratorios, un ingeniero brillante llamado Steven Sasson desarrolló un prototipo revolucionario: la primera cámara digital. Capturaba imágenes en blanco y negro con un sensor y las almacenaba en una cinta de casete. Kodak había creado el futuro.

Sin embargo, la empresa decidió patentar el invento y archivarlo. Las ventas y utilidades eran tan monstruosas que ningún ejecutivo ni accionista renunciaría a los jugosos bonos y dividendos de fin de año. Ilusamente decidieron esconder el invento, pensando que la revolución digital se detendría a su favor.

Diez años más tarde, Canon y Fujifilm lanzaron sus cámaras digitales. Kodak intentó reaccionar, sin la capacidad tecnológica instalada y con un producto más costoso que la competencia. El consumidor ya había decidido por la competencia.

Al final, la antigua gigante que llegó a valer cerca de US$35 mil millones en los años noventa, hoy vale cerca de US$400 millones, muy lejos de aquel esplendor.

YAHOO!: EL GIGANTE EN NEGACIÓN  

En 1994, Jerry Yang y David Filo, estudiantes de posgrado de Stanford University, en pequeño búnker dentro del Campus, crearon un portafolio llamado Yahoo!!!, que consistía en la unificación de un directorio de páginas web y que luego se convirtió en el buscador más usado del mundo.

En el año 2000 alcanzó una valoración superior a US$125 mil millones con enormes ingresos publicitarios. Parecía invencible en su mercado, pero el orgullo y la indecisión suelen disfrazarse de prudencia.

Larry Page y Sergey Brin, también estudiantes de Stanford University, a quienes Jerry Yang y David Filo habían asesorado, crearon en 1998 un algoritmo para buscar en internet que llamaron Google.

Cuatro años después, ofrecieron vender su empresa a Yahoo! por US$2 mil millones, pero a Yahoo! le pareció mucho dinero, aunque era poco para los ingresos que tenía en ese momento. Hoy Google posee un valor cercano a US$4.25 billones.

Más adelante, también dejó pasar oportunidades estratégicas durante los inicios del auge de las redes sociales. Mark Zuckerberg ofreció Facebook por US$1.000 millones, pero les pareció demasiado. Yahoo! ofreció US$850 millones; Zuckerberg cerró su computador, se levantó y abandonó la mesa de negociación. Hoy Meta Platforms vale cerca de US$1.5 billones.

El último gran “No” llegó con una oferta de Bill Gates y Microsoft, que ofrecieron comprar Yahoo! por US$44.6 mil millones. Yahoo! rechazó la oferta y terminó vendiendo su negocio principal a Verizon por US$4.48 mil millones en 2017.

EL REY QUE PERDIÓ SU REINO

En 1865, Fredrik Idestam fundó en Finlandia una empresa industrial llamada Nokia que producía madera, papel, botas de hule y posteriormente cables eléctricos, hasta terminar reinando en el mercado mundial de teléfonos móviles.

En 2007 controlaba cerca del 50% del mercado global y registraba ventas superiores a €50 mil millones. Sus teléfonos eran sinónimo de resistencia, batería duradera y confiabilidad. Parecían eternos, al igual que su empresa. Pero en este mundo, los imperios no caen por falta de recursos sino de visión.

En Silicon Valley, un brillante inventor llamado Steve Jobs presentó el iPhone a través de su empresa Apple, un teléfono inteligente que integraba aplicaciones, internet y diseño seductor. El consumidor quería modernidad, placer y poder en sus celulares. Paralelamente, Samsung abrazó el sistema Android y avanzó con rapidez.

Nokia reaccionó tarde y perdió su trono. El mercado ya tenía nuevos dueños. Nokia terminó vendiendo su división móvil a Microsoft y, aunque sigue siendo una empresa relevante en redes y telecomunicaciones, jamás recuperó su dominio en los teléfonos móviles.

No decidir también es una decisión, y muchas veces la más costosa de todas. Porque lo que se posterga por miedo, comodidad, orgullo o intereses personales de corto plazo, suele convertirse en lágrimas de sangre y arrepentimiento permanente por aquellos tiempos idos que no volverán…con esa duda constante de qué habría ocurrido si se hubiese decidido diferente.


viernes, 16 de enero de 2026

¿PILAR CISNEROS ES CLASISTA? ¿LOS LÍDERES “CHAVISTAS” SON REFLEJO DEL PUEBLO?

Pilar Cisneros Gallo es, sin duda, una pieza angular del llamado movimiento “chavista” en Costa Rica. Para muchos analistas políticos, su respaldo a Rodrigo Chaves Robles fue determinante para catapultarlo a la Presidencia de la República. Su peso político no solo se mantiene vigente, sino que hoy gravita sobre la figura de Laura Fernández Delgado, actual candidata del oficialismo y bien posicionada en la intención de voto.  

Juan José Arce Vargas
Periodista carné 1194

La estrategia comunicacional del movimiento es clara: presentarse como los auténticos defensores del pueblo, de los humildes, de los sencillos, de los históricamente relegados del poder político, en abierta confrontación con los sectores políticos históricamente privilegiados y favorecidos —los llamados “ticos con corona--.Sin embargo, esa narrativa ha comenzado a ser cuestionada a partir de señalamientos públicos de clasismo y elitismo dirigidos a la propia Cisneros desde el Plenario Legislativo.

Como periodista, doña Pilar ha sido ampliamente reconocida por su disciplina, su capacidad argumentativa y su oficio riguroso frente a la cámara. No obstante, es en su faceta como legisladora donde, por primera vez en su trayectoria pública, ha sido interpelada no por sus ideas, sino por el trasfondo social que parecen revelar algunas de sus expresiones.

Episodios bajo la lupa

El señalamiento más directo ocurrió cuando, en el Plenario Legislativo, increpó públicamente a la diputada del Frente Amplio, Sofía Guillén, al manifestarle: “Usted, como economista, es un fracaso administrando su millonario salario”, dejando entrever la incomprensión de que una legisladora no viviera en un condominio de lujo y continuara residiendo en su barrio.

Las reacciones no se hicieron esperar. Ariel Robles, Jonathan Acuña, Antonio Ortega y Priscilla Vindas, compañeros de bancada de Guillén, criticaron esa visión de éxito asociada exclusivamente al estatus económico, considerándola una expresión de clasismo incompatible con la representación popular.

A ello se sumó otro episodio mediático: la negativa de la diputada Cisneros a recibir al sector arrocero y el rechazo simbólico del gallo pinto sin arroz que le fue ofrecido, gesto interpretado por algunos sectores como desdén y desprecio hacia determinados grupos sociales.

 

¿De dónde nace el clasismo?

El clasismo no surge de manera espontánea. Generalmente se aprende, se hereda y se reproduce durante la infancia y la adolescencia, a partir de lo que se oye, se observa y se normaliza dentro del entorno familiar y social.

El dinero, la profesión, la vestimenta, el barrio, la apariencia física y la noción de estatus social moldean —consciente o inconscientemente— la forma en que se mira y se valora al otro. El clasismo no siempre grita; a veces se filtra en una frase, en un gesto, en una negativa. ¿Es posible que los líderes reproduzcan las mismas jerarquías que dicen combatir?

Determinar si doña Pilar estuvo expuesta a estas influencias pertenece al ámbito de su vida privada. Pero preguntarse si fue permeada por manifestaciones clasistas en su Lima natal o en la Costa Rica que la recibió en los años setenta es un análisis pertinente, dada la influencia política que hoy ostenta.

La Costa Rica que la recibió

Pilar Cisneros dejó su natal Perú en 1972, a los 22 años, tras una decisión familiar motivada por las represalias sufridas por su padre, Máximo Cisneros, abogado de reconocido abolengo, luego del golpe militar encabezado por Juan Velasco Alvarado, quien derrocó al presidente Fernando Belaúnde Terry en 1968. Al momento del golpe, ella tenía apenas 18 años.

La Costa Rica de los años setenta era un país distinto. La joven estudiante de periodismo se encontró con una sociedad universitaria en plena efervescencia social, influenciada por ideas progresistas, igualitarias y contestatarias.

La Escuela de Periodismo de la Universidad de Costa Rica, creada en 1968, era un semillero de pensamiento crítico, y el movimiento estudiantil protagonizaba luchas emblemáticas, como la oposición a la transnacional ALCOA en 1970.

Estos movimientos luchaban por mejores condiciones socioeconómicas y mayor participación democrática, en el marco de la Guerra Fría y bajo la sombra del derrocamiento de Salvador Allende en 1973, hecho que incorporó docentes chilenos a la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva (ECCC-UCR).

San José aún respiraba un aire de pueblo pequeño, “un cafetal con luces”, como decían los abuelos. Pensar que ese entorno universitario y su ciudad promovieran valores clasistas resulta, cuando menos, improbable.

Con mis propios ojos

A inicios del siglo XXI, durante la administración de Abel Pacheco de la Espriella, tuve el privilegio de formar parte del Servicio Exterior de Costa Rica en la Embajada en Lima, Perú. Allí acompañé al embajador Julio Suñol Leal (q. D. g.), periodista, fundador del Colegio de Periodistas, director del Diario de Costa Rica y La Hora, y autor de obras como Robert Vesco compra una República, Insurrección en Nicaragua y La noche de los tiburones.

Siguiendo su consejo, caminé Lima y la conocí a pie. Don Julio solía recordarme, parafraseando a Miguel de Unamuno, que “lo bonito del viaje es el torna viaje”, poder regresar, ver y comparar las culturas.

Visité iglesias y parques, exploré la historia del Perú y su relación con Costa Rica, desde aquel empréstito de 100.000 pesos destinados para la compra de armas durante la Campaña Nacional contra Los Filibusteros, hasta la obra de escritores como Ricardo Palma, César Vallejo, José María Arguedas, Mario Vargas Llosa, José Carlos Mariátegui, Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce Echenique, de quien me atrapó especialmente su crítica a la élite limeña.

Confirmé que el Perú es, como dijo Antonio Raimondi, “un mendigo sentado en un banco de oro”, y que la teoría espacio-temporal de Víctor Raúl Haya de la Torre cobra vida en sus calles: en un mismo país y en un mismo tiempo conviven realidades del Primer Mundo con personas y comunidades ancladas en la época colonial, generaciones permanecen estancadas nacen y mueren en una misma realidad que nunca cambia. .

Distritos como Miraflores y San Isidro exhiben una Lima pulcra y opulenta, parques llenos de flores, aceras impecables, cafeterías, restaurantes y clubes que no envidian los goces de Europa, mientras en los arenales, miles de familias sobreviven sin servicios básicos.

Villa El Salvador fue el ejemplo más impactante: un asentamiento surgido de la exclusión y las amenazas del terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru), transformado por el esfuerzo comunitario en una ciudad modelo, de artesanos de la madera, al punto de ser postulada al Premio Nobel de la Paz en los años ochenta.

También observé prácticas que revelan jerarquías profundas: empleadas domésticas —las cholitas uniformadas en los supermercados, hasta en las playas en medio verano—, choferes y jardineros al servicio de familias de alcurnia; clubes que restringían el ingreso por apariencia o color de piel; y, a pocos metros, trabajadores comiendo por tres soles –1 dólar- , sin perder la dignidad del buen comer peruano, con entrada, plato fuerte, postre y “yapa”, por si se desea repetir el fresco, la bebida, chicha morada, por lo general.

Anécdotas de antaño

La esposa del embajador, doña Victoria, era peruana y bisnieta de Víctor Larco Herrera, senador, ministro de Hacienda y diplomático a inicios del siglo XX, considerado uno de los hombres más acaudalados de su tiempo.

Recordaba que una de las haciendas de su bisabuelo colindaba con tres países y que el oro podía extraerse a poca profundidad. Esa fortuna permitió financiar el Hospital Psiquiátrico Víctor Larco Herrera y apoyar al Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera, legado cultural que aún perdura.

Entre sus recuerdos de infancia, evocaba viajes familiares desde el puerto del Callao, hacia el puerto de Buenos Aires, Argentina, en un hotel que había comprado su bisabuelo—hoy convertido en un establecimiento cinco estrellas—, acompañados de la servidumbre y hasta de una vaca que ordeñaban diariamente para dotar de leche fresca a la “nietada”. El viaje, de ida y vuelta, se prolongaba por varias semanas, como si el tiempo también fuera un privilegio heredado.

Estas anécdotas acentuaron ante mis ojos las profundas brechas sociales del país y dieron paso a preguntas inevitables en la realidad política actual:¿Cómo era la Lima en la que vivió y creció doña Pilar Cisneros? ¿Pudo haber interiorizado esas diferencias sociales desde temprana edad? ¿De qué manera, y en qué medida, influyó la sociedad limeña en su forma de mirar el mundo y de ejercer hoy el poder político?

¿Representantes del pueblo?

Hoy, las manifestaciones de clasismo no son explícitas, pero los contrastes son evidentes. Doña Pilar, según sus propias declaraciones, no respaldó inicialmente la candidatura de Laura Fernández Delgado, mujer de origen humilde, creyente, cuya exposición pública ha sido cuidadosamente limitada.

Ese trato contrasta con el brindado, cuatro años atrás, a Rodrigo Chaves Robles, exfuncionario del Banco Mundial, residente en Monterán y propietario de viviendas en Letonia y Portugal, según información divulgada en el Plenario Legislativo por el diputado Eliécer Feinzaig Mintz.

En la narrativa electoral del “movimiento chavista” se muestran como los adalides del pueblo, y por otro lado expresiones miden el éxito por el barrio o el condominio donde se vive.

La polémica alrededor de Pilar Cisneros no es solo política: es un espejo de  las brechas sociales que Costa Rica prefiere no mirar, los iguales no siempre parecen tan iguales, y cuando el poder habla del pueblo con realidades muy distantes del pueblo, se debe voltear a nuestros ancestros, como reza la Patriótica Costarricense que no envidia los goces de Europa, porque es mil veces más bella mi tierra, así no rememorar tiempos de coronas y virreinatos.