¿Qué decisiones dejamos de tomar como país, como familia y como personas? ¿Cuánto cuesta no tomar esa decisión por proteger el hoy?
El Dilema del Innovador, desarrollado en 1997 por el profesor Clayton Christensen, explica cómo los países, las organizaciones y las personas fracasan, no siempre por falta de recursos, sino por la incapacidad de decidir a tiempo.
¿Cuántas veces vemos cómo los ahorros se consumen lentamente a la espera del milagro, sin tomar decisiones estratégicas? El lote que dejamos de comprar, la casa que no remodelamos, el carro que no arreglamos y se descompone, la tecnología que no adquirimos para nuestro desarrollo profesional, la capacitación que postergamos, el trabajo que dejamos pasar, el título universitario que no obtuvimos, el negocio que cruzó frente a nuestros ojos y otro desarrolló.No decidir es mucho más caro que hacerlo y arriesgarse. Permanecer colgado a los beneficios del corto plazo, en esa comodidad seductora, ligera y engañosa de la zona de confort, creyendo que las circunstancias no cambiarán, es tan oneroso como restaurar un barco en el fondo del mar. En la intimidad llegará el lamento silencioso: ¡Qué buena oportunidad tenía!, pero el barco ya zarpó.
La historia empresarial está colmada de ejemplos de compañías que no supieron decidir. Hay tres empresas emblemáticas que marcaron generaciones; fueron tan exitosas que pasaron del esplendor al ostracismo, del dominio al abandono y del reconocimiento de los consumidores al más terrible olvido, mientras miles de trabajadores vieron cómo quedaban engavetados los sueños de bienestar de sus familias.
KODEK: EL INVENTO QUE ESCONDIÓ Y VOLÓ
En 1888, George Eastman inventó en un garaje de Rochester, Nueva York, una cámara con rollo que democratizó la fotografía, permitiendo que el ciudadano común tuviera la oportunidad de retratar sus bodas, bautizos, cumpleaños y, en fin, su propia existencia para colocarla dentro de sus hogares. La cámara fotográfica dejó de ser un lujo reservado para ricos y se convirtió en un producto popular de acceso para todas las clases sociales.
Durante casi un siglo, Kodak dominó el mercado con una hegemonía casi absoluta: la cámara, el rollo, el revelado, el papel, los portarretratos. Si algo pertenecía al mundo fotográfico, Kodak estaba allí. En su mejor época alcanzó ingresos anuales superiores a US$19 mil millones, cifra mayor al PIB de muchos países del mundo en ese entonces.
En 1975, apareció una gran oportunidad para consolidar su dominio de la industria fotográfica. Dentro de sus propios laboratorios, un ingeniero brillante llamado Steven Sasson desarrolló un prototipo revolucionario: la primera cámara digital. Capturaba imágenes en blanco y negro con un sensor y las almacenaba en una cinta de casete. Kodak había creado el futuro.
Sin embargo, la empresa decidió patentar el invento y archivarlo. Las ventas y utilidades eran tan monstruosas que ningún ejecutivo ni accionista renunciaría a los jugosos bonos y dividendos de fin de año. Ilusamente decidieron esconder el invento, pensando que la revolución digital se detendría a su favor.
Diez años más tarde, Canon y Fujifilm lanzaron sus cámaras digitales. Kodak intentó reaccionar, sin la capacidad tecnológica instalada y con un producto más costoso que la competencia. El consumidor ya había decidido por la competencia.
Al final, la antigua gigante que llegó a valer cerca de US$35 mil millones en los años noventa, hoy vale cerca de US$400 millones, muy lejos de aquel esplendor.
YAHOO!: EL GIGANTE EN NEGACIÓN
En 1994, Jerry Yang y David Filo, estudiantes de posgrado de Stanford University, en pequeño búnker dentro del Campus, crearon un portafolio llamado Yahoo!!!, que consistía en la unificación de un directorio de páginas web y que luego se convirtió en el buscador más usado del mundo.
En el año 2000 alcanzó una valoración superior a US$125 mil millones con enormes ingresos publicitarios. Parecía invencible en su mercado, pero el orgullo y la indecisión suelen disfrazarse de prudencia.
Larry Page y Sergey Brin, también estudiantes de Stanford University, a quienes Jerry Yang y David Filo habían asesorado, crearon en 1998 un algoritmo para buscar en internet que llamaron Google.
Cuatro años después, ofrecieron vender su empresa a Yahoo! por US$2 mil millones, pero a Yahoo! le pareció mucho dinero, aunque era poco para los ingresos que tenía en ese momento. Hoy Google posee un valor cercano a US$4.25 billones.
Más adelante, también dejó pasar oportunidades estratégicas durante los inicios del auge de las redes sociales. Mark Zuckerberg ofreció Facebook por US$1.000 millones, pero les pareció demasiado. Yahoo! ofreció US$850 millones; Zuckerberg cerró su computador, se levantó y abandonó la mesa de negociación. Hoy Meta Platforms vale cerca de US$1.5 billones.
El último gran “No” llegó con una oferta de Bill Gates y Microsoft, que ofrecieron comprar Yahoo! por US$44.6 mil millones. Yahoo! rechazó la oferta y terminó vendiendo su negocio principal a Verizon por US$4.48 mil millones en 2017.
EL REY QUE PERDIÓ SU REINO
En 1865, Fredrik Idestam fundó en Finlandia una empresa industrial llamada Nokia que producía madera, papel, botas de hule y posteriormente cables eléctricos, hasta terminar reinando en el mercado mundial de teléfonos móviles.
En 2007 controlaba cerca del 50% del mercado global y registraba ventas superiores a €50 mil millones. Sus teléfonos eran sinónimo de resistencia, batería duradera y confiabilidad. Parecían eternos, al igual que su empresa. Pero en este mundo, los imperios no caen por falta de recursos sino de visión.
En Silicon Valley, un brillante inventor llamado Steve Jobs presentó el iPhone a través de su empresa Apple, un teléfono inteligente que integraba aplicaciones, internet y diseño seductor. El consumidor quería modernidad, placer y poder en sus celulares. Paralelamente, Samsung abrazó el sistema Android y avanzó con rapidez.
Nokia reaccionó tarde y perdió su trono. El mercado ya tenía nuevos dueños. Nokia terminó vendiendo su división móvil a Microsoft y, aunque sigue siendo una empresa relevante en redes y telecomunicaciones, jamás recuperó su dominio en los teléfonos móviles.
No decidir también es decisión, y muchas veces la más costosa de todas, porque lo que se posterga por miedo, comodidad, orgullo o intereses personal de corto plazo son lágrimas de sangre de un arrepentimiento permanente de tiempos idos que no volverán…pensando que habría ocurrido si hubiese decidido…
No decidir también es una decisión, y muchas veces la más costosa de todas. Porque lo que se posterga por miedo, comodidad, orgullo o intereses personales de corto plazo, suele convertirse en lágrimas de sangre y arrepentimiento permanente por aquellos tiempos idos que no volverán…con esa duda constante de qué habría ocurrido si se hubiese decidido diferente.