Recuerdo que era apenas un niño de escasos 5 años, cuando mi mamá ordenó tajantemente no abrir las llaves de los tubos de agua de la casa, eran los tiempos en que no se preguntaba, no se cuestionada, ni se averiguaba mucho, simplemente se obedecía, al mejor estilo militar y silencioso.
Juan José Arce Vargas
Periodista
Habían pasado más de cuarenta años, desde que en 1936 se construyó la red de alcantarillado sanitario de la ciudad de Alajuela, popularmente conocida como “Las Cloacas”, esta recogía todo el material fecal del casco urbano que transcurría hasta la planta en Villa Bonita, al noroeste de la ciudad, desaguando posteriormente sus aguas "tratadas" en la Quebrada Barro que transita por Montecillos, Villa Bonita, urbanización Gregorio José Ramírez, Copán y San Antonio del Tejar.
Esa obra tan necesaria fue edificada en tiempos de don León Cortés Castro, de ombligo alajuelense, nacido, creado y alimentado en la ciudad de Los Mangos, durante su presidencia, entre 1936 y 1940.
Decían que don León tenía posturas autoritarias y afinidad con la organización y desarrollo del naciente gobierno Nacionalsocialista (Nazi) en Alemania. Además que el expresidente era León con los pobres, Cortés con los ricos y Castro con algunos otros, sin desmérito en su Administración se edificaron gran cantidad de obras, carreteras y puentes que perduran hasta nuestros días, otras muy importantes, como la red de cloacas de Alajuela.
CLOACA A LA VISTA
Ya para principios de los años 80, el Ejecutivo Municipal que realizaba la función del Alcalde de hoy día, ordena cambiar el sistema de alcantarillado sanitario que estaba colapsado y causando gran contaminación al noroeste de la ciudad. La antigua planta no daba más, la ciudad había crecido y cada día había más casas y servicios sanitarios que vertían sus excrementos a la antigua red de cloacas.
La planta ya empezaba a verter por encima de sus desbordados tanques, líquidos pestilentes con olores nauseabundos, a los alrededores del barrio de Villa Bonita, causado una respiración contenida para evitar las entrañas de sus aguas.
Como en Alajuela nada ni nadie se queda sin apodo, a partir de ese instante Villa Bonita comenzó a ser conocida, por el sobrenombre, de Villa Caca, aquel nombre pegajoso se quedó flotando en la nariz de los alajuelenses por años.
La situación era apremiante. El Ejecutivo municipal, después de varias reuniones con su equipo técnico, llegaron a la conclusión de que era necesario cambiar la antigua tubería de la red de cloacas para posteriormente construir una nueva planta, y de forma eficiente, asimismo cambiar los tubos oxidados y herrumbrados del antiguo sistema de agua potable que estaban causando gran cantidad de fugas y pérdidas de agua que hundía las calles, como si la ciudad comenzara a beberse a sí misma.
MANOS A LA OBRA
Los nombres del ingeniero y escuadrón encargado de la obra no se tienen claro, pero se podía inferir que el planeamiento de proyectos municipales, de aquella época, las virtudes de erudición y cautela no eran hábitos que afloraban a flor de piel.
Lo cierto es que se pusieron manos a la obra, abrieron un enorme zanjón en el centro de la calle en Canoas, con una profundidad de aproximadamente 4 metros que apenas dejaba el paso de los peatones, como una herida gigantesca y abierta en medio del barrio.
Avisaron a la comunidad y a otras aledañas que no tendría acceso a agua potable por varios días, por lo que debían recolectar el líquido vital en galones y estañones y coordinar los días y horas con los camiones cisternas, para la recarga.
Las dificultades para acceder a sus viviendas y la falta de agua estaban llevando a los residentes de Canoas al colapso, sumado al polvo y el barrial frente a sus casas, sólo el espíritu noble, sencillo y servicial del barrio soportaban tales angustias, ya que bien valdría la espera del nuevo proyecto, así nunca más pensar en huecos o letrinas en sus viviendas.
Los funcionarios municipales ya anunciaban que próximamente estaría la conexión que volvería el agua a sus casas sin necesidad de cisternas y con la posibilidad de bañarse y hacer uso de sus inodoros con toda tranquilidad.
Después del anuncio, pasó el primer día e informaron que habían tenido dificultades con el entronque de la tubería vieja con la nueva, pero que todo marchaba bien, ya para el siguiente día fue la misma historia.
Llegó otro día, comunicaron que debían esperarse tan sólo tantito, la gente comenzaba a desesperarse y con ganas de terminar ellos mismos la obra con sus propias manos impacientes. Pasó un día más, anunciaron que hoy se terminaba porque se terminaba, podían irse a dormir tranquilos y a la mañana siguiente el agua llegaría a sus casas limpia, cristalina y fresca.
Quienes se levantaron de madrugada vieron de nuevo la promesa incumplida, pero los funcionarios municipales ya trabajaban desde tempranas horas y comunicaron que antes de mediodía estaría listo. Alrededor de las diez y media se dio la orden de abrir las llaves de paso de las viviendas, mientras anunciaban que el sistema ya estaba conectado y funcionando.
El AGUA CORRIÓ
La noticia corrió como viento huracanado, algunos se apresuraron a lavar los platos amontonados en la pila, otros a sentarse tranquilamente en sus retretes sin necesidad de andar jalando agua, otros a lavar la ropa a mano o en lavadora, otros más desesperados corrieron para darse el duchazo que tanto había esperado, no faltará el que se habrá dado un traguito de agua fresca saliendo del grifo y bien bendecida por la espera.
Los grifos se empezaron a abrir llenando las tuberías de las casas.
La gente empezó a notar que el agua no tenía un tono claro, más bien café, no era nada de qué preocuparse, seguramente era un poco de tierra que se había filtrado en las tuberías, cuestión de tiempo y dejar pasar un poco más el agua para que se aclare
Comenzaron a notar que, quienes habían hecho sus necesidades, el tanque de los servicios sanitarios se volvía a llenar con una mierda más hedionda de la que acababan de enviar, los vasos, los platos, las ropas, las manos, los cabellos, los cuerpos, los pies y las casas impregnadas de ese hedor fétido, nauseabundo, asqueroso, repugnante, oliendo a puritica mierda.
La gente salió de sus casas desesperada y furiosa.
¡Hijueputas! ¡Desgraciados! ¡Malnacidos! ¡Me llenaron la casa de mierda!
Los funcionarios municipales corrieron a cerrar las llaves y avisar a quienes pudieron ¡el mierdero estaba hecho! y corría río abajo por las tuberías de las casas del barrio El Llano, Villa Hermosa, plaza Acosta y todos los alrededores del casco central como un río oscuro, imparable y maloliente.
La obra maestra de ingeniería había sido consumada, aquella hazaña municipal de proporciones épicas, era digna de un Nobel o al menos a ser nominada como mejor proyecto en el Tecnológico de Massachusetts o la mismísima NASA, pero tenía pequeños inconvenientes.
La cuadrilla municipal había conectado la red de cloacas que bajaba de Canoas al sistema de agua potable que abastecía las casas del casco central de la ciudad de Alajuela, recibiendo aquella bendición de las mismas entrañas de los esfínteres de sus vecinos.
CACA POR DOQUIER
La gente comenzó a vaciar el mierdero de las tuberías de sus casas en estañones y vasijas y las tiraba en el edificio municipal que estaba, en ese entonces, en el actual parque Tomás Guardia costado del Museo Juan Santamaría, por encima de la tienda Monge que cerró por esos días, no habiendo mucho interés en comprar lavadoras con conexión a aguas negras.
Los encargados de resolver el problema no sabían qué hacer con semejante berenjenal, culparon al AyA (Acueductos y Alcantarillados), pero a todas luces era un proyecto municipal, y así había sido en todo momento.
Los políticos en el poder trataron de tapar el tortón que a toda costa la noticia no saliera en los medios nacionales, preocupados que sería el fin de sus carreras políticas por el enorme prejuicio contra la salud pública de la población. Por dicha los medios informaron escuetamente de lo sucedido. Y como decía el tres veces presidente de Costa Rica don Ricardo Jiménez Oreamuno: "En Costa Rica no hay escándalo que dure tres días".
La furia y el ánimo de la gente se fue apaciguando, quizás por vergüenza o por pudor de recordar semejante acontecimiento, o más bien para evitar delatarse de haber sido uno más de los pringados y embarrados ese día.
Al final con la abonada que recibió la cancha del estadio Alejandro Morera Soto, La Liga salió campeón ese año, nada mejor que un título nacional para disipar los males aires que todavía flotaban sobre la ciudad.
En casa duramos varios días sin abrir los grifos. Papá traía un gran estañón de agua de la finca en Atenas que nos servía para todas las necesidades. Llegó el momento de abrir las llaves de los grifos, dejando escurrir por varios minutos, no vaya ser que aún quedase algún submarino flotando en aquellas aguas traicioneras, así volver a tener agua en casa.
A diferencia de lo que proclamaba don Ricardo Jiménez, no fueron tres días, sino varias semanas, ya que al filtrarse la brisa entre la ciudad, dejaba elevar algunos olores, resabios de los desechos abdominales que se había negado a morir aún impregnados en los cuerpos de los transeúntes de la ciudad, como fantasmas invisibles y persistentes que se resistían a abandonar sus dominios.
Y aquí muchos se preguntarán qué sucedió con el encargado municipal y el escuadrón que inundaron de mierda de Alajuela. La defensa consideró que estaba borracho producto de tanto estrés en el proyecto. El alcoholismo que era una enfermedad muy común en aquellos días, hizo que muchos se sintieron identificados. El pobrecito reinaba en Costa Rica, y se dice que hasta logró su merecida pensión en la muy noble y leal municipalidad de Alajuela.
¡Ay tiempos aquellos que no volverán! ¡Por dicha! ¡Qué mierdero!


